
Cielo Arriba 2001
Gracias Marcelo Anibal Rudy
por la caratula del disco
Comentario de revista Criterio por Martin Armelino
http://www.revistacriterio.com.ar/
Cielo arriba
Verónica Condomí
2001
Cielo arriba es la primera placa como solista de Verónica Condomí. Sin embargo, su trayectoria es larga, marcada por el talento, y por la música. “Crecí en una familia donde la música era el lazo fundamental de cómo se llevaba la vida; rodeada de instrumentos, de muchos instrumentos, y donde cantar era una fiesta; toda mi familia cantaba”. Y ella, claro. Esa suerte de ensayo casero y sus condiciones le permitieron formar parte desde muy pequeña del coro de niños del Teatro Colón, y a los 10 años comenzó a estudiar música en el Conservatorio Municipal.
Canto y música, entonces. Y a los 16 años forma parte de la experiencia de MIA (Músicos Independientes Asociados), un grupo de músicos con base de rock sinfónico y formación de coro. Al mismo tiempo, Condomí comparte con Liliana Vitale, también integrante del grupo, un dúo vocal puramente experimental. “Creo que la voz es un instrumento multitímbrico; queríamos probar, buscar sonidos no sólo para cantar una melodía sino ir más allá. Fue muy interesante esa experiencia, muy divertida y aún hoy seguimos haciéndolo”, cuenta y le agrega a ello otro componente caro a su estética: la improvisación. “Es fundamental improvisar, es un poco como la libertad, ¿no?, animarse a caminar sin prejuzgar lo que va a venir, incluso sabiendo que uno puede cometer errores, pero es también una forma de crecimiento, de aprendizaje.”
Canto, música, experimentación, improvisación. MIA se desarma en 1983 y de la mano de MPA (Músicos Populares Argentinos) surge un nuevo rumbo. Junto al Chango Farías Gómez, Peteco Carabajal, Rubén Izarrualde y Jacinto Piedra cantará por primera vez folclore en vivo, el mismo que había aprendido en las recordadas reuniones familiares de niña. Cantará con músicos valiosos que estaban proponiendo una estética distinta de la convencional manera de interpretar zambas y chacareras, novedosa, avanzada, que además de bombo incluía percusión, mucha percusión, además de guitarras incorporaba bajo y teclados eléctricos, y con arreglos vocales impecables y constantes diálogos con otros ritmos latinoamericanos, el jazz, algunas digresiones rockeras… En 1987 termina MPA e inicia su camino como solista. “Armamos un grupo con mi hermano, Miguel “Quique” Condomí, y otros músicos que se llamaba “La Nota Negra”. “Tocamos a principios de los noventa, pero lamentablemente no pudimos grabar nada de eso, salvo algunas cosas en forma casera”. Y participó en trabajos como invitada en discos del Chango, de Peteco, de Jaime Roos, de Mercedes Sosa, entre otros.
Hace poco más de un año formó con Ernesto Snajer (guitarra) y Facundo Guevara (percusión) el trío cuyo resultado es Cielo arriba. Allí se cristalizan los años de canto, música, experimentación, improvisación. Hay variedad de ritmos: zamba, chacarera, bossa nova, alguna habanera, por nombrar algunos. El trío suena muy bien. “Son músicos tan talentosos que me hace poder ‘volar’ tranquilamente”, confiesa ella. El repertorio elegido tiene una particularidad: además de la melodía, además de la letra, a Condomí le atrae el idioma. “Creo que el sonido que se desprende de un idioma es parte fundamental de la cultura que lo sostiene; en ese sonido hay algo muy profundo aunque no se entienda qué se dice. Me interesan muchísimo las lenguas vivas, las que persisten en América latina, que se hablan, y van llegando a mí.” En la placa se escucha el guaraní, el portugués, un dialecto guatemalteco…
Cielo arriba, editado en forma independiente, es en su mayoría producto de shows que el trío dio el año pasado en Notorious (Buenos Aires). Y otras canciones fueron grabadas en 1999, con la participación de músicos destacados como Quique Condomí (violines), Javier Malosetti (contrabajo) y Rodolfo Sánchez (percusión). Entre ellas figura “Zamba para la guagüita”, que su padre Miguel Condomí, desaparecido en 1976, le dedicó. “Esa canción es como una afirmación de quién soy, es muy fuerte porque la escribió alguien que me adoró, que me quiso mucho y que ya no está. La letra es tremenda, me conmueve cada vez que la canto, la melodía es una belleza y además me amo las zambas”, cuenta con una voz emocionada.
El disco termina y quedan ganas de escuchar más canciones. Es un buen comienzo para un material profundo, que hay que escuchar detenidamente, y disfrutar (una vez más) de versiones impecables de “Zamba de Lozano”, “Chacarera de las piedras” y “Recuerdos de Ypacaraí”.
Martín Armelino
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